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Entrega Especial en una Boda en Zúrich

El amor por el chocolate es inmortal, hay un número interminable de historias que los constatan. Vamos a contarte una de estas historias.

Lágrimas de emoción

Es el año 1964. Hay un paquete en la entrada de Lindt & Sprüngli y en el, ¡una caja para el Maestro chocolatero de Lindt! El Maestro abrió la caja delicadamente y en ella vió 14 piezas de chocolate perfectamente empaquetadas, con seis espacios vacíos. Junto a la caja, había una carta escrita a mano con la caligrafía curvada característica de una mujer mayor. El Maestro Chocolatero levanta la ceja a medida que va leyendo. Esta emocionado.

¡Qué regalo!

Es el año 1853 y una boda va a celebrarse en Zúrich. David Sprüngli ha creado un chocolate especial para la novia y ha envuelto cada pieza cuidadosamente en papel decorado. La novia aparta el regalo del resto y no lo abre hasta que todos los invitados se han ido. Una vez sola, se pone una pieza en la boca y cierra los ojos. Lo saborea y lo comprende al instante: esta dulzura es un presagio de felicidad para ella y para las siguientes generaciones. Guarda su regalo y nunca más vuelve a tomar otra pieza de chocolate.

De Novia a Novia.

Veinte años más tarde su hija se casa. Es el momento de recuperar la caja de su lugar secreto; se lo entrega a su hija, hoy novia, como símbolo de buena fortuna. Con el consejo de tomar solo una pieza, y de pasar la caja a su hija algún día futuro. Y así, el chocolate de boda va pasando de generación en generación, de madre a hija, de novia a novia.

¡Ha pasado la prueba del tiempo!

Ciento once años más tarde, en el laboratorio culinario de Lindt & Sprüngli descubren, con gran deleite, que el chocolate aún está en perfectas condiciones. ¡Es Increíble lo que el amor puede lograr!

Historias como esta tienen una gran relevancia para nosotros. Son una pequeña muestra de la felicidad que puede llegar a generar nuestro incomparable chocolate.